François Truffaut
denuncia en esta película la actitud de los adultos que no son
capaces de percibir a los niños como personas: o son autoritarios o
les ignoran; les inculcan el miedo y también la culpabilidad. En la
versión literaria del film, Truffaut escribe: «La piel dura quisiera
plantear esta pregunta: ¿Por qué se olvida tan frecuentemente a los
niños en las luchas que emprenden los hombres?».
La primera lección del maestro:
La primera lección que el maestro (Profesor François Richet) de La piel dura imparte a sus alumnos. Se puede interpretar que habla, en boca del propio Truffaut:
«Quería
deciros que si elegí el oficio de maestro fue porque guardo un mal
recuerdo de mi juventud y porque no me gusta la forma en que se
trata a los niños. La vida no es fácil, es dura, y es importante
que aprendáis a endureceros para que podáis enfrentaros a ella,
ojo, endureceros no ser insensibles. Por una especie de extraño
equilibrio, aquéllos que tuvieron una infancia difícil están
generalmente mejor dotados para enfrentarse a la vida adulta que
aquellos otros que disfrutaron de protección o de un exceso de
cariño. Es una especie de ley de compensación. Más adelante
tendréis hijos, y yo espero que vosotros los queráis y que ellos os
quieran. En realidad, ellos os querrán si vosotros los queréis. Si
no, traspasarán su amor o su afecto, su ternura, a otras personas o
a otras cosas. Porque la vida está hecha de ese modo: no podemos
vivir sin querer y ser queridos».
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